Religiosas del Sagrado Corazón de María somos mujeres, llamadas a pertenecer totalmente y sin reservas a Dios en oración, acción, y comunidad.
Desde nuestra fundación en 1849, nuestra misión de conocer a Dios y hacerlo conocer y amar a Dios y hacerlo amar, ha sido profundizado y transformado continuamente. El evangelio de Jesús nos ha llevado a cruzar océanos y continentes. Ya sea en las aulas en Zambia, las favelas en Brasil, o salas de conferencias de la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Nuestro llamado es dar y recibir vida, especialmente en aquellas situaciones donde la vida es negada, desvalorizada o disminuida.
El facultar a mujeres y los niñas/os, es el enfoque que nos une en trece países diferentes: Brasil, Inglaterra, Francia, Irlanda, Italia, México, Mozambique, Portugal, Escocia, Estados Unidos, País de Gales, Zambia, Zimbabwe.
El regalo de nuestra vida juntas como comunidad de fe en las diversas culturas aumenta la sensación de la presencia de Dios y la bondad en toda la tierra. Abiertas a la manera inesperada del Espíritu respetamos la diversidad de creencias en todo el mundo, y buscamos colaborar con todos los que luchan por la paz y la justicia. La familia humana está despertando a un llamado urgente de alejarse de la violencia y la codicia para cuidarnos unos a otros y para preservar los recursos de la tierra. La historia y el espíritu de las Religiosas del Sagrado Corazón de María resuenan con esta convocatoria.
A medida que avanzamos hacia el futuro, nuestra visión trasciende los estrechos límites, de avanzar hacia ese horizonte donde el misterio de Dios se desarrolla. Nuestras familias estan a la vez lejos y cercas. Tanto el prójimo necesitado de hoy como las generaciones venideras nos son queridas. Confiando en el amor abundante de Dios, seguimos el sueño de Jesús de que TODOS TENGAN VIDA Y LA TENGA EN ABUNDANCIA.